Mi hijo tarda mucho en hacer los deberes, ¿por qué ocurre y cómo ayudarle?
Son las cinco de la tarde. Tu hijo/a se sienta a hacer los deberes, prepara los libros y el estuche… pero pasan los minutos y parece que no avanza. Se levanta a por agua, mira cualquier cosa que tiene alrededor, pregunta qué tiene que hacer o necesita que estés a su lado para continuar.
Cuando quieres darte cuenta, ha pasado más de una hora y todavía quedan ejercicios pendientes.
Si esta situación se repite en casa, es normal que acabes preguntándote: ¿Por qué tarda tanto? ¿No se concentra? ¿Le cuesta entender lo que tiene que hacer? ¿No tiene ganas de estudiar?
La respuesta no siempre es sencilla. Y, sobre todo, no siempre tiene que ver con que el niño sea despistado, perezoso o poco trabajador.
A veces, detrás de unos deberes que parecen interminables hay dificultades que pasan desapercibidas.
Cuando hacer unos pocos ejercicios ocupa toda la tarde
Hay niños/as que necesitan mucho más tiempo que otros para terminar las tareas escolares. No necesariamente porque no sepan hacerlas, sino porque les cuesta poner en marcha todo lo que necesitan para conseguirlo.
Puede que tu hijo/a sepa resolver una operación matemática, pero tarde muchísimo en empezar. O que comprenda lo que ha explicado la profesora, pero se quede bloqueado cuando tiene que hacerlo solo.
También puede ocurrir que lea varias veces el enunciado, que pierda el hilo de lo que estaba haciendo o que necesite que le recuerdes constantemente cuál era el siguiente paso.
Desde fuera, puede parecer que no está prestando atención. Sin embargo, el problema puede estar en otras habilidades que intervienen cuando hacemos los deberes.
¿Por qué mi hijo/a tarda tanto en hacer los deberes?
No existe una única explicación. Cada niño tiene sus propias necesidades, pero hay algunas dificultades que pueden influir especialmente.
Le cuesta mantener la atención.
Empieza una actividad, pero cualquier estímulo consigue apartarle de lo que está haciendo. Un ruido, un juguete, una conversación o incluso sus propios pensamientos pueden hacer que pierda la concentración.
Cuando vuelve a la tarea, necesita recordar dónde se había quedado y qué tenía que hacer. Y ese proceso se repite una y otra vez.
No sabe por dónde empezar.
A veces, el niño mira la hoja de ejercicios y no sabe cómo organizarse. Tiene varias tareas pendientes, pero le cuesta decidir cuál hacer primero, cuánto tiempo dedicar a cada una o qué necesita preparar.
No siempre es una cuestión de voluntad. La organización y la planificación también son habilidades que necesitan desarrollarse y practicarse.
No comprende bien lo que le piden.
Puede leer un ejercicio varias veces sin llegar a entender qué tiene que hacer. En estos casos, no basta con decirle que se fije más o que vuelva a leerlo.
Quizá necesita que le expliquen las instrucciones de otra manera, que le ayuden a identificar la información importante o que se trabaje la comprensión lectora.
Le cuesta retener la información mientras trabaja.
Para resolver una actividad, muchas veces tenemos que recordar varias cosas al mismo tiempo: qué nos están preguntando, qué pasos debemos seguir y qué hemos hecho hasta ese momento.
Esta capacidad está relacionada con la memoria de trabajo. Cuando supone un esfuerzo excesivo, el niño puede perder información, olvidar instrucciones o tener que empezar de nuevo.
Se bloquea cuando algo no le sale.
Hay niños que, en cuanto encuentran un ejercicio que no saben resolver, se frustran y dejan de avanzar. Otros preguntan constantemente si está bien lo que hacen porque tienen miedo de equivocarse.
Cuando un niño ha vivido muchas experiencias de fracaso, puede llegar a enfrentarse a los deberes con inseguridad. Y esa preocupación también consume energía y dificulta que pueda concentrarse.
No siempre necesita más tiempo: puede necesitar otra manera de trabajar
Una de las cosas que más escuchamos en las familias es: «Es que puede hacerlo, pero tarda muchísimo».
Y es que saber hacer una actividad no significa necesariamente poder realizarla de forma autónoma, organizada y en un tiempo razonable.
Por eso, cuando los deberes se alargan cada tarde, conviene dejar de centrarnos únicamente en cuánto tarda y empezar a observar qué ocurre durante ese tiempo.
¿Le cuesta empezar? ¿Se distrae continuamente? ¿No entiende las instrucciones? ¿Se bloquea cuando se equivoca? ¿Necesita ayuda para organizar los pasos?
Identificar el momento en el que aparece la dificultad nos permite ayudarle de una forma mucho más eficaz.
¿Qué puedes hacer en casa para ayudarle?
No se trata de convertir las tardes en una rutina llena de normas ni de estar sentado a su lado durante horas. El objetivo es que poco a poco consiga trabajar con más seguridad y autonomía.
Puedes empezar por algo tan sencillo como dividir los deberes en pequeñas tareas. En lugar de decirle que tiene que terminar toda la ficha, proponle empezar por dos ejercicios. Cuando los termine, podrá continuar con el siguiente bloque.
También es importante que tenga claro qué debe hacer. Antes de empezar, podéis revisar juntos las tareas, preparar el material y establecer un pequeño orden. Tener una referencia visual de lo que queda pendiente puede ayudarle a no perderse.
Si le cuesta mantener la atención, probad con periodos de trabajo adaptados a su capacidad actual, alternados con pequeños descansos. No todos los niños necesitan trabajar durante el mismo tiempo seguido.
Y algo fundamental: intenta evitar que cada tarde termine en una discusión. Frases como «siempre estás igual», «tienes que espabilar» o «esto es muy fácil» pueden aumentar su frustración y hacer que se sienta todavía menos capaz.
En cambio, reconocer sus pequeños avances, valorar el esfuerzo y ayudarle a encontrar una solución cuando se atasca puede cambiar mucho la forma en la que se enfrenta a las tareas.
Eso no significa hacer los deberes por él. Significa acompañarle mientras aprende a hacerlos por sí mismo.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Que un niño/a tarde más de lo esperado algún día no tiene por qué indicar que exista una dificultad. Puede estar cansado, haber tenido una jornada intensa o encontrarse con una actividad especialmente complicada.
Sin embargo, conviene prestar atención cuando la situación se repite con frecuencia y empieza a afectar a la vida familiar o escolar.
Por ejemplo, si necesita muchísimo más tiempo que sus compañeros para terminar tareas similares, si depende constantemente de un adulto, si se frustra con facilidad o si los deberes ocupan prácticamente toda la tarde.
También es importante observar si estas dificultades aparecen en otros momentos: cuando tiene que preparar la mochila, seguir varias instrucciones, organizar sus materiales o realizar actividades cotidianas.
No se trata de poner una etiqueta ni de buscar un diagnóstico a la primera de cambio. Se trata de comprender qué necesita ese niño para poder avanzar.
A veces, el problema no son los deberes
Cuando un niño tarda muchísimo en terminar sus tareas, es fácil pensar que necesita estudiar más, practicar más o esforzarse más.
Pero quizá lo que necesita es aprender a organizarse, mejorar su atención, trabajar la comprensión de los enunciados o desarrollar estrategias para gestionar la frustración.
En INVERXO trabajamos precisamente desde esa mirada: no nos centramos únicamente en las asignaturas, sino también en las habilidades que permiten que cada niño pueda desenvolverse con mayor seguridad y autonomía.
Porque no todos los niños necesitan lo mismo, ni todos aprenden de la misma manera.
Y si cada tarde los deberes se convierten en una carrera contra el reloj, quizá sea el momento de dejar de preguntarnos por qué tarda tanto y empezar a descubrir qué le está impidiendo avanzar.
A veces, para que un niño consiga hacer las cosas por sí mismo, primero necesita que alguien le enseñe cómo hacerlo.
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¡Hola! Soy Nerea, la fundadora y CEO de este maravilloso centro que es INVERXO. Pero no solo eso, también soy Maestra de Educación Primaria, especializada en Pedagogía Terapeútica, Audición y Lenguaje y Psicopedagogía. Estoy deseando conoceros y que podáis disfrutar de las ventajas de una educación diferente. ¡Os esperamos pronto!
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