Clases de apoyo: cuándo son necesarias y cómo elegir la adecuada

“Creo que mi hijo necesita clases de apoyo, pero no sé si es demasiado pronto”.
 
Quizá te lo has preguntado alguna vez. Tu hijo/a empieza a sacar peores notas. Los deberes cada tarde se convierten en una discusión. Necesita que estés continuamente a su lado. Hay asignaturas que cada vez le cuestan más. O simplemente notas que, aunque se esfuerza, algo no termina de funcionar.
 
Y entonces aparecen las dudas:
¿Necesita realmente clases de apoyo?
¿Será suficiente con ayudarle en casa?
¿Deberíamos esperar a que suspenda?
¿Necesita una academia?
¿Clases particulares?
¿Un apoyo más individualizado?
 
Lo primero que queremos decirte es que las clases de apoyo no tienen por qué ser el último recurso cuando un niño ya está suspendiendo. En muchos casos, pueden ser una herramienta para prevenir que las dificultades se hagan más grandes, recuperar aprendizajes que no están bien asentados y, sobre todo, ayudar al niño a volver a sentirse capaz.
 
Porque pedir ayuda no significa que un niño no pueda aprender. A veces significa precisamente que queremos darle las herramientas que necesita para hacerlo.

¿Cuándo necesita un niño/a clases de apoyo?

No existe una edad concreta ni un momento exacto en el que todos los niños necesiten apoyo. Cada niño/a tiene su propio ritmo y sus propias necesidades. Hay niños que necesitan ayuda puntual con una asignatura. Otros necesitan reforzar determinados aprendizajes. Y otros necesitan trabajar aspectos que van mucho más allá de los contenidos académicos.
 
 
Por eso, antes de decidir si tu hijo/a necesita clases de apoyo, merece la pena observar qué está ocurriendo.
 

1. Cuando empieza a tener dificultades que se mantienen en el tiempo

Todos los niños pueden tener un tema que se les atragante. Una división que cuesta. Unos problemas de Matemáticas que no terminan de entender. Una lectura que todavía no es fluida.
Un examen que sale peor de lo esperado. Una dificultad puntual no significa necesariamente que necesite apoyo externo. Pero si las dificultades se repiten y empiezan a afectar a su aprendizaje, puede ser un buen momento para intervenir.
 
Por ejemplo:
 

  • Cada vez le cuesta más seguir el ritmo de la clase.
  • Los contenidos nuevos se apoyan en aprendizajes que todavía no domina.
  • Comete los mismos errores una y otra vez.
  • Necesita muchísimo tiempo para terminar las tareas.
  • Aunque estudia, los resultados no mejoran.
  • Empieza a acumular contenidos que no comprende bien.

 
 
Cuando esto ocurre, esperar simplemente a que “madure” o “ya lo entienda” no siempre es suficiente.

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2. Cuando los deberes se han convertido en una batalla diaria

“Siéntate a hacer los deberes”.
“¿Has terminado ya?”
“Concéntrate”.
“Te lo acabo de explicar”.
“Hazlo tú”.
“¡Pero si esto ya lo sabes!”
 
Si todas las tardes se parecen demasiado a esto, quizá el problema no sea únicamente que tu hijo/a necesite estudiar más. Puede que necesite aprender cómo estudiar y cómo enfrentarse a las tareas.
Porque hacer deberes no consiste solamente en saber los contenidos.
 
También implica:
 

  • Organizarse.
  • Saber por dónde empezar.
  • Mantener la atención.
  • Comprender las instrucciones.
  • Gestionar el tiempo.
  • Pedir ayuda cuando es necesario.
  • Detectar los errores.
  • Persistir cuando algo no sale a la primera.

 
Un niño/a puede saber hacer una suma y, aun así, tener muchas dificultades para organizar una tarde de deberes.
 
Y ahí las clases de apoyo pueden tener un papel muy diferente al de simplemente sentarse a hacer ejercicios.

3. Cuando necesita constantemente a un adulto a su lado

“Si no me siento con él, no hace nada”.
“Necesita que le explique cada ejercicio”.
“En cuanto me voy, se bloquea”.
“Me pregunta todo aunque ya lo sabe”.
Estas situaciones son bastante frecuentes.
Y aunque al principio pueda parecer que ayudarle continuamente es la mejor solución, a largo plazo queremos conseguir algo diferente:
 
que el niño pueda ir haciendo cada vez más cosas por sí mismo.
 
El objetivo del apoyo no debería ser crear una dependencia del adulto. Al contrario. Debería ayudarle a desarrollar estrategias para que poco a poco pueda enfrentarse a las tareas con mayor autonomía y seguridad.

4. Cuando ha empezado a perder confianza en sí mismo

Esta es una de las señales que más nos debería preocupar. Porque una dificultad académica puede solucionarse trabajando determinados contenidos. Pero cuando esa dificultad empieza a cambiar la manera en la que el niño se ve a sí mismo, necesitamos prestar especial atención.
 
“Soy malo en Matemáticas”.
“No se me da bien estudiar”.
“Todos saben hacerlo menos yo”.
“Soy tonto”.
“No voy a aprobar”.
“No puedo”.
 
Cuando un niño lleva tiempo viviendo experiencias de fracaso, puede empezar a evitar aquello que le resulta difícil.
 
Y entonces aparece un círculo:
 
Me cuesta → me frustro → dejo de intentarlo → practico menos → me cuesta todavía más → pienso que no puedo.
 
El apoyo puede ayudar a romper ese círculo. No solamente consiguiendo que aprenda. También proporcionándole experiencias en las que pueda comprobar que sí es capaz de avanzar.

5. Cuando hay una asignatura que se está convirtiendo en un problema

A veces la necesidad es mucho más concreta. Quizá tu hijo/a comprende perfectamente el resto de materias, pero Matemáticas se le está haciendo cuesta arriba. O lee, pero tiene dificultades para comprender lo que lee. O sabe los contenidos, pero tiene problemas para expresarse por escrito.
 
En estos casos puede ser útil un apoyo específico. Pero incluso cuando trabajamos una única asignatura, merece la pena preguntarnos:
 
¿Qué es exactamente lo que le está costando?
 
Porque decir “necesita apoyo en Matemáticas” nos da muy poca información. Necesitamos saber si el problema está en el cálculo, en la comprensión de problemas, en el razonamiento, en la atención, en la comprensión de las instrucciones o en aprendizajes anteriores que todavía no están consolidados.
Cuanto mejor entendamos la dificultad, más sentido tendrá el apoyo.

Clase Particular A Nino Con Problemas De Aprendizaje

¿Clases de apoyo o hacer más ejercicios?

Esta es una pregunta muy habitual. Y la respuesta depende de lo que necesite cada niño. Porque si un niño no entiende un concepto, hacer veinte ejercicios más no necesariamente hará que lo entienda.
 
Si tiene dificultades para organizarse, darle más deberes tampoco solucionará el problema. Y si ha perdido la confianza, aumentar la cantidad de trabajo puede incluso hacer que se sienta todavía más frustrado.
 
Por eso, antes de pensar:
“Necesita practicar más”.
Puede ser más útil preguntarnos:
 
“¿Qué necesita para aprender mejor?”
 
A veces necesitará practicar. Pero otras veces necesitará una explicación diferente. Necesitará ir un paso atrás. Necesitará aprender una estrategia. Necesitará trabajar la comprensión. Necesitará aprender a organizarse. O simplemente necesitará recuperar poco a poco la confianza que ha ido perdiendo.

En INVERXO no queremos que las clases de apoyo sean simplemente más horas de colegio

Cuando un niño/a llega a INVERXO, no queremos saber únicamente qué asignatura necesita mejorar. Queremos conocerle. Queremos entender cómo aprende, qué le cuesta, qué estrategias utiliza, cómo se organiza, cómo afronta los errores y qué ocurre cuando algo no le sale.
 
Porque muchas veces detrás de un: “Necesita apoyo en Matemáticas” hay mucho más.
 
Puede haber dificultades de comprensión. Problemas de atención. Falta de estrategias. Dificultades para organizarse. Aprendizajes que no están bien asentados. Baja tolerancia a la frustración. O simplemente un niño que lleva demasiado tiempo pensando que no puede.
Por eso nuestras sesiones son individualizadas y adaptadas a las necesidades de cada niño.
 
Trabajamos los contenidos que necesita, pero también aquellas habilidades que pueden estar influyendo en su manera de aprender. Porque para nosotros una clase de apoyo no debería consistir únicamente en conseguir que un niño haga los deberes.
 
Queremos que aprenda.Que comprenda. Que gane autonomía. Que encuentre estrategias que le funcionen.Y, sobre todo, que vuelva a sentirse capaz.
 

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